La ayuda es primero, la condena vendrá después: Elena Poniatowska

La ayuda es primero, la condena vendrá después: Elena Poniatowska
Fotografía: La Jornada

Y ahora, ¿cómo llego a mi trabajo? –pregunta temerosa Martina García.

 

El pasado lunes 3 de mayo, el puente de la estación Olivos de la línea 12 del Metro, conocida como la línea dorada, colapsó a las 10:25 pm. Perdieron la vida 26 personas y quedaron varios heridos, aún hospitalizados.

 

Paradas en la terminal del Metro Tláhuac, varias mujeres se miran con mucha preocupación. Estudiantes de la UAM Iztapalapa, albañiles con su pico y su pala, adolescentes de gorra empolvada, madres de familia con su último hijo en brazos, la pañalera y la carriola a su lado, mujeres de la tercera edad con sus bolsas de mandado y oficinistas que abrazan su portafolio. Toda una humanidad estresada e interrogante depende de voluntarios que portan chalecos verdes, grises, naranja y amarillo fosforescente y negros provenientes de varias instancias de gobierno .

 

A la mañana siguiente, la Secretaría de Movilidad, el Órgano Regulador del Transporte, Protección Civil, el Servicio del Vigilancia del Metro, la Policía de Tránsito y la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México se movilizaron de inmediato en un operativo de apoyo de transporte y ubicó varios nodos en algunas estaciones de la línea 12 para transportar a los usuarios que vienen desde la terminal Tláhuac hasta Mixcoac.

 

Los autobuses de transporte RTP, así como el Turibús, Capital Bus, ADO y ADTEX (Autobuses de Texcoco) y de la Secretaría de Seguridad Pública apoyan el operativo para solventar la amplia necesidad de transporte que ahora se vive en la Ciudad de México.

 

La línea 12, que va desde Tláhuac hasta Mixcoac, es vital porque comunica a una de las alcaldías más alejadas del centro de la ciudad y se establecieron ocho nodos: Atlalilco, Zapata, Ermita, Tezonco, Mixcoac, Periférico Oriente, Tláhuac y el andador Tezonco-Olivos.

 

La atención y el servicio de los voluntarios resultó muy eficiente desde el primer momento y es de toda justicia destacar la ayuda de las mujeres policías y conductoras de transporte público. El sitio de taxis de la estación Atlalilco puso su toldo al servicio de quienes esperan el autobús. Varios magnavoces previenen: “Favor de usar su tapabocas y mantener sus ventanillas abiertas para evitar el contagio”. La pandemia no se olvida. El personal del Metro reparte botellas de agua y alimentos a quienes ayudan en los nodos. Para variar, siempre son ellos, hombres y mujeres generosos que se olvidan de sí mismos para ayudar al que más lo necesita. Estas demostraciones de apoyo y de cariño responsable merecen toda nuestra gratitud, y mientras ellos ayuden, como lo hacen en cada catástrofe (1957, 1985, 2017, 2019), los capitalinos seguiremos reconociendo su capacidad de entrega. Dejemos juicios, condenas y críticas para más tarde. Ahora es momento de ayudar.

 

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La Jornada, 12 de mayo de 2021