No supimos ni en qué momento terminó la película

No supimos ni en qué momento terminó la película
No supimos ni en qué momento terminó la película

No supimos ni en qué momento terminó la película, porque hasta los créditos parecían parte de la historia vista por la cámara, la emoción permanecía en la misma frecuencia, la admiración era continua, cuando repentinamente alguien del público aplaudió tímidamente, de inmediato casi toda la audiencia aplaudió. Y ahí estuvimos hasta que desapareció el último crédito de la pantalla.

La ubicación del cine es zona habitacional clase media-alta, por lo que fue sorpresivo el aplauso, la toma de conciencia o la identificación con la historia o el espejo de muchas cosas vividas directa o indirectamente parecidas a la historia, el público mayormente mujeres, de todas las edades.

Fui a verla con las recomendaciones que me he generado como espectador cuando voy al cine: Averiguar a veces sobre la dirección, quiénes actúan, el género y origen de la película. No más que eso. La película cuenta una historia y, si quiero saber más, lo hago después de verla.

Por eso el factor sorpresa me produjo extraordinarias sensaciones, enalteció mi amor por México y mi convicción de la igualdad de los géneros, ese tema tan vigente para bien de todo el mundo.

No es una ficción, un documental, una adaptación o una crónica. Nos cuenta una historia posiblemente basada en hechos reales o muy acercados a ello, nos lleva a la intimidad, al amor, a la ilusión, a la esperanza, a la lucha, a muchos escenarios sentimientos y pensamientos de una (y muchas al mismo tiempo) Rosario valiente, militante, luchadora, amorosa, reivindicadora, incesante, contradictoria, frágil y al mismo tiempo inmensamente fuerte…

Tiene un enorme diferencial como película, la idea central es la vida íntima y amorosa, por ello hace atractivos los temas colaterales de política, sociedad, pensamiento, ideas, revolución, banderas… un exacto manejo de flashbacks y flashforwards haciéndolo fácilmente comprendida y te conducen a éxtasis del pensamiento y de la emoción.

Los cuadros, los encuadres, los escenarios, los diálogos…todo bien acomodado, hasta la continuidad pulcra.

Bellísima y magistral la actuación de ella adulta y joven, muy profesional la de ellos.

El final, parece un no final, es como si fuera el inicio de una reaparición de pensamiento, obra y vida de Rosario Castellanos.