¡Feliz día de la Educadora!

¡Feliz día de la Educadora!

A través de las décadas gran parte de la sociedad no ha sabido darle el valor y la importancia al trabajo desempeñado día tras día por las educadoras(es), ya que se nos ve como personas cuidadoras y no como formadoras del desarrollo de los infantes.

 

En realidad las educadoras(es) del ayer y del ahora no exigen honores, reconocimientos o méritos, simplemente el respeto, apoyo, cooperación y un trabajo colaborativo no sólo de los padres de familia, sino de la comunidad a la que pertenece una institución como es el Jardín de Niños.

 

Por eso, en este 21 de abril conmemoramos ese esfuerzo, esa dedicación que se realiza cada mañana en las aulas preescolares. Por eso, en este día compartimos que ustedes lectores conozcan sobre su trabajo y el gran impacto que tienen en el desenvolvimiento y desarrollo de capacidad y habilidad de cada uno de los infantes.

 

Fue en 1837 cuando abrió la primera guardería, donde los niños eran considerados como pequeñas plantas de un jardín, del que el maestro es el jardinero. Su teoría indica que el infante se expresa a través de las actividades de la percepción sensorial, el lenguaje y el juguete. El lenguaje oral se asocia con la naturaleza y la vida.

 

La importancia de las educadoras, como primeras guías de los niños en su proceso de enseñanza, radica en que se convierten en formadoras del desarrollo de los menores.

 

La fecha es un reconocimiento a ese esfuerzo, esa dedicación que se realiza cada mañana en las aulas preescolares.

 

Y es que el Jardín de Niños sirve para que desarrollen habilidades y destrezas para llegar al objetivo deseado por los padres, tomando en cuenta cuáles son las necesidades e intereses de los pupilos a través de planeaciones sistemáticas y fundamentadas de las acciones que se desarrollarán con ellos.

 

Son muchas las cosas que los niños aprenden con la guía de la educadora, quien se da a la tarea de preparar y prever ambientes de aprendizaje para que el niño(a) tenga experiencias significativas que le permitan construir conocimientos útiles a su vida.

 

Parte del trabajo es desarrollar competencias, afectivas, sociales, lingüísticas, motoras, cognitivas y artísticas, así como favorecer sus hábitos de higiene. Considerando que el niño es un ser integral y que en sus primeros seis años de vida se logra el desarrollo óptimo, ya que los infantes aprenderán más en esta etapa que durante toda su vida, por lo cual es un gran reto y una gran responsabilidad para nosotros y para la comunidad ya que éste debe ser un trabajo colaborativo donde nuestro primordial objetivo es Formar y Educar para la Vida.

 

Fuente: Capital México, 21 de abril de 2020